En el patio, durante las clases,
una madre deja jugar a su hijo pequeño.
Me recuerda a la escuela de mis primeros años,
te llevaré allí.
El edificio sigue igual, pero la barra de hierro parece más baja,
y el columpio rojo tiene la pintura ya desgastada.
Oye… este parterre lo hizo mi clase
cuando nos graduamos.
Cuando pasaste a secundaria… ¿no te pareció extraño?
Que no hubiera ni un solo columpio.
En la sala de música, el viento trae
el sonido de la flauta dulce, y el pecho se me encoge.
En esta escuela de primaria, en plena clase,
siento como si estuviera haciendo novillos.
Cada vez que cambiaban los asientos, el corazón se me aceleraba,
y aun así elegía sentarme lejos.
Miraba la espalda del chico que me gustaba,
aunque ahora ya ni recuerdo su cara.
y aun así elegía sentarme lejos.
Miraba la espalda del chico que me gustaba,
aunque ahora ya ni recuerdo su cara.
Qué vergüenza… el profesor saluda con una leve inclinación, ya familiar.
“Este es mi novio”, le digo.
Al cruzar el pasillo cubierto,
aparece el aula de los recuerdos, igual que antes.
Un lugar donde estuve antes de conocerte,
y que me habría gustado enseñarte.
Suena la campana, y los niños
juegan y se agitan en una escena cotidiana.
No sé por qué me daba vergüenza,
y me escondía a tu espalda.
Como si estuviera protegida por ti.

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